sábado, 26 de septiembre de 2009

Peregrino: El chihuaco

Esta historia fue contada por el campesino cusqueño Agustín Thupa Pacco al lingüista César Itier. Apareció impresa en el diario El Comercio el 20 de enero de 2007 y también en el libro Karu ñankunapi (1999) publicado por Itier.


El chihuaco

Dicen que Nuestro Señor mandó al chihuaco a que nos trajera el diente

- Le pondrás esto al hombre – le dijo.

El chihuaco vino llevando el diente, pero de pronto, en el camino le dio hambre. Encontró un canchón donde el maíz se estaba secando. El chihuaco dejó en el suel el diente que Dios le había mandado traer y se comió los granos sueltos que estaban ahí. Pero después ya no pudo encontrar el diente que Dios le había mandado poner a los hombres. Como el maíz era blanco y los dientes son iguales, se habían mezclado y el chihuaco ya no pudo reconocer el diente. Entonces tomó un grano de maíz blanco de ese tendal y se lo puso al hombre.

Por eso los dientes duelen y se carían. Si el chihuaco le hubiera puesto al hombre el diente que Dios le había dado, no se pudrirían ni se cariarían. La gente no andaría con dolor de muelas como ahora.

Cuando después el chihuaco se presentó ante Dios, éste le regañó.

- ¿Por qué eres tan mentiroso?

Y le pegó en el trasero. Por eso el trasero del chihuaco es rojo. Es porque Dios le pegó en esa parte del cuerpo.